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A veces, sentimos que estamos mejor sólo con una lapicera y hoja en mano. Sabemos que aquellos trazos son el umbral que nos permiten escapar, volver a ser nosotros mismos por unos intantes; la tinta se convierte en nuestra sangre, y nuestro cuerpo en hoja, cada uno es una leyenda, una historia que depende de nosotros determinar si su relato será bueno o malo.
jueves, 22 de marzo de 2012
Pensamiento
Jamás me había detenido a observarlo, o tal vez alguna vez lo hice sin saber lo que realmente podía ver; pero ése día, él estaba ahí, como siempre; del otro lado de la habitación bajo la ventana, quieto, en silencio, mientras el débil sol bañaba su pálida piel. Miraba hacia algún punto sin mirar en nada concreto a su vez; sus ojos delataban el paseo de sus pensamientos por su mente... ¿Y qué hacía yo? Yo tan sólo lo observaba en la oscuridad del disimulo, regocijándome de al menos poder incluirlo en mi nublada vista panorámica. Nunca pronuncié una palabra acerca de ello, pero tras cada instante, me doy cuenta que estoy pendiente de lo que hace, lo que dice, y lo que deja de hacer. ¿Es miedo a admitirlo o simplemente es placer por guardarme algo tan sólo para mí?. Es el riesgo de mantenerme a salvo, controlando mis impulsos de confesar, o morir bajo la abstinencia de mis propias palabras, ganas de pertenecer y poseer.
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