Conocía muy bien lo que me significaba su nombre; inmediatamente lo relacionaba con diversión y extrema atencción, y todo, sólo para mí.
Aleatorias y borrosas imágenes me golpean dulcemente la mente, aunque aquella sensación de felicidad aún sigue viva a la memoria en algún rincon infantil de mi corazón.
Fin de semana, a la tarde; alguien tocaba la puerta... Me llenaba de felicidad al ver una campera verde esmeralda que siempre llevaba consigo misma... definitivamente era ella.
Recuerdo que me traía revistas y películas, que luego durante la semana, yo miraba una y otra vez. Durante su estadía en casa, nos pasabamos la tarde jugando con las consolas de Family y Sega; ella siempre en una postura graciosamente competitiva movía sus brazos con el control para un lado y otro, presionando enérgicamente los botones, súmamente metida en el juego. Era una persona con alma de adolescente, bastante distraida, charleta, descuidada y muy agradable.
Así como recuerdo aquellas tardes de juego, también recuerdo las palabras que le dije, sin saber que esas serían las últimas, para ella.
Una única imagen de aquel momento me deja vestigios de aquel día. Un par de médicos se acercaba llevando una camilla con una paciente. Papá me levantó cuando esta se acercó y ahí ví a mi abuela, con algunos tubos, con ropa de quirófano, sonriendo débilmente. - Tengo un nuevo juego - recuerdo haberle contado con la idea de estrenarlo con ella. Me correspondió mi sonrisa y supongo que nos habremos despedido... luego, fue ver como con la companía de los médicos, se perdía por una puerta.
Al nuevo juego, terminé jugándolo yo sola, luego de esperar bastante, y lo peor de todo... luego de esperar en vano. Ella se había "ido" pero probablemente ya volvería de su viaje.
Era demasiado temprano para entender las realidades, yo sabía jugar juegos de consola, pero no sabía el de la vida, que en ese no había ningún botón de reinicio; una vez que perdías la vida, perdías tu juego, sin tener posibilidades de volver a jugar.
Poco tiempo después, con papá y mamá solíamos recurrir a un lugar nuevo para mí, que yo creía que era un patio grande donde poca gente solía ir a pasear. Era un espacio amplio, y silencioso, en el cual yo me divertía yendo de un lado a otro, oliendo flores que la gente dejaba en pequeñas puertas cuadradas, que unas al lado de otras formaban largos y amplios pasillos. Me recuerdo a mí, mirando adornos que estaban pegados en las puertas, como peluches y otras cosas; mientras que papá y mamá siempre se paraban en el mismo lugar, frente a la misma pequeña puerta.
Ignoraba realmente el fin de la visita a ese lugar; durante los primeros tiempos sólo me limitaba a divertirme allí, haciendo cosas que una persona de cinco años hace... correr, saltar y de más.
Hasta que un día me sentí picada por la curiosidad y le pregunté a mamá que una vez más estaba parada en el mismo lugar, "¿Qué hay del otro lado de la puerta?", ella me respondió con cuidado "están los recuerdos de tu abuela".
Me quedé con aquella respuesta en la cabeza por mucho tiempo, y por alguna razón creí que aquella puerta era una especie de "aramario mágico", en el que ella al ir de de viaje había guardado sus "recuerdos" (como fotos con las personas que ella quería) para no olvidarse de ellos, mientras no estuviera en contacto. Esperaba que hubiera puesto una foto de ella conmigo, porque no quería que se olvidara de mí.
Pero todo era cuestión de tiempo para darme cuenta de que en realidad ya no habían puertas de las que ella fuera dueña, que ya no habrían nuevas memorias para guardar con y de, mi abuela.
Abrí los ojos, o crecí, y entonces supe que ese "armario" no guardaba sus recuerdos, sino los míos para con ella, de manera física, como vestigios de algo que había sido genial, lejos del -ahora- polvo, y tendencia a desaparecer terrenalmente.
Páginas
A veces, sentimos que estamos mejor sólo con una lapicera y hoja en mano. Sabemos que aquellos trazos son el umbral que nos permiten escapar, volver a ser nosotros mismos por unos intantes; la tinta se convierte en nuestra sangre, y nuestro cuerpo en hoja, cada uno es una leyenda, una historia que depende de nosotros determinar si su relato será bueno o malo.
jueves, 24 de marzo de 2011
viernes, 18 de marzo de 2011
Estaca, cruz... y vacío.
Duele sentir decepción a partir del amor,
Duele, ver como la confianza te desarma la razón.
Duele, ver como tus ideas agonizan intoxicadas de utopía,
pero prefiero el dolor y las heridas, antes que tirar abajo mi corazón.
Prometí que sería tu voz para callar a quien te mienta,
que caminaría por tí; descalza sobre filosas piedras,
que tomaría tu mano sin temor a lo que el resto piensa,
que te defendería con uñas y dientes hasta que tú ya no lo quieras,
Supliqué por tu promesa a que entenderías mis duelos internos,
para cuando yo apagara mis luces, tú tan sólo entendieras...
Ésto no es el paraíso, ni el mismo infierno, es la simple realidad,
Ésto es la vida, con alfileres y astillas, el autentico juego de vivir.
Se ama, se rie, se sufre, se pierde ... pero nunca se da piedad,
si tan sólo me reconocieras en tu pasado, comprenderías y no me dejarías llorar.
Intento, pero nunca llego a superarlo, caigo para luego volver a sangrar.
El vacio, nunca parece ser suficiente, sigue necesitando ser peor.
Me retuerzo en tu suelo. Grito para mis adentros, porque no lo quieres escuchar.
Pedía que me anesteciaras el alma, pero heriste aún más disparándome palabras como balas.
Ahora no calles, porque ya es tarde. No me hables de lo correcto, hablame de lo que es "lealtad".
Duele, ver como la confianza te desarma la razón.
Duele, ver como tus ideas agonizan intoxicadas de utopía,
pero prefiero el dolor y las heridas, antes que tirar abajo mi corazón.
Prometí que sería tu voz para callar a quien te mienta,
que caminaría por tí; descalza sobre filosas piedras,
que tomaría tu mano sin temor a lo que el resto piensa,
que te defendería con uñas y dientes hasta que tú ya no lo quieras,
Supliqué por tu promesa a que entenderías mis duelos internos,
para cuando yo apagara mis luces, tú tan sólo entendieras...
Ésto no es el paraíso, ni el mismo infierno, es la simple realidad,
Ésto es la vida, con alfileres y astillas, el autentico juego de vivir.
Se ama, se rie, se sufre, se pierde ... pero nunca se da piedad,
si tan sólo me reconocieras en tu pasado, comprenderías y no me dejarías llorar.
Intento, pero nunca llego a superarlo, caigo para luego volver a sangrar.
El vacio, nunca parece ser suficiente, sigue necesitando ser peor.
Me retuerzo en tu suelo. Grito para mis adentros, porque no lo quieres escuchar.
Pedía que me anesteciaras el alma, pero heriste aún más disparándome palabras como balas.
Ahora no calles, porque ya es tarde. No me hables de lo correcto, hablame de lo que es "lealtad".
martes, 15 de marzo de 2011
Memory-Shot: Novata
Jamás había sido tan traicionada por el capricho de mis ojos, y mi estúpido corazón; porque por momentos ya no era yo, sino que era mi impulso tímido pero impulso al fin.
Primeros días, y últimos del verano, aunque aún el viento se chocaba caliente contra la piel.
Hablarle revivía mi pequeña adrenalina, un cosquilleo con la sensación de estar jugando con el mismo fuego. Aquel gusto de saborear el riesgo a descubrir mi alma ante la falsa indiferencia. Porque no era amor aquello, era una inconsciente llamada a mi atención, una obsesión naciente sin origen, una ilusión de nada, sólo un juego de mirar sin que la mirada delate.
Me limitaba a saludarlo y a hablarle esporádicamente, preferentemente si él era el que venía a mí, tranquilamente consiguéndolo por ser lo desconocido ante su inocente curiosidad. "Limitación", sí, ésa era la palabra, una caótica combinación entre la actuación y el discimulo.
Venía contando los días autodesafiándome, pero mi propio miedo me ganaba una y otra vez. Pasaron los tiempos, hasta que puse tiempo límite a mis batallas perdidas, y tomé una bocanada de aquel escaso pero dulce aire, era el momento. Me acerqué a él, una vez más actuando, porque nunca habría de ser yo para con él. Hablando, lo llevé y lo traje simpáticamente, finalmente concluí a mi objetivo, y pedí su número de teléfono, era una coartada perfecto, tener los teléfonos de mis compañeros no era nada del otro mundo.. o tal vez sí.
Tomó una lapicera al azar y escribió con torpes trazos celestes, su número, sin dejar de sonreir. Me tendio el papel y yo lo tomé brincando en algún lugar de mi amorosamente frustrada mente. Sentía tener las llaves a un umbral que nunca había podido abrir. Habia perdido parte de mis miedos, y además tenía algo que pertenecía a él.
-Tocó el timbre de finalización de clases-
Se despidió de mí, un beso en la mejilla cálido y jovial, y yo con mi trofeo en mano. Volví a mi pupitre a guardar mis útiles, mientras que veía como el salón cada vez se tornaba mas quieto tras la salida del resto. Ya todos se habían marchado, quedaban sólo mis nuevas cuatro paredes, sus muebles, y yo. Aún no me acostumbraba a ellas, no me gustaba estar allí sola. Me apuré y salí rumbo a la calle. El sol me pegó en la cara de inmediato, pero nada me importó, yo seguía sonriendo. Metí la mano en el bolsillo de mi pantalón para ver una vez más mi último logro, escrito en papel y tinta celeste. Pero no había nada allí, mas que la envoltura de algún chicle de menta. Había perdido lo que me había costado tantos días en atreverme. Cerré los ojos, intentando recordar dónde recuperarlo; preferí no pensarlo más de dos veces... y volví corriendo a mi salón temiendo que ya fuera tarde y que lo hubieran cerrado para limpiarlo. Me tiré contra la puerta afortunadamente abierta, y heché un vistazo a mi lugar... y allí estaba, sólo, esperando tal vez... que yo lo vuelva a buscar.
Primeros días, y últimos del verano, aunque aún el viento se chocaba caliente contra la piel.
Hablarle revivía mi pequeña adrenalina, un cosquilleo con la sensación de estar jugando con el mismo fuego. Aquel gusto de saborear el riesgo a descubrir mi alma ante la falsa indiferencia. Porque no era amor aquello, era una inconsciente llamada a mi atención, una obsesión naciente sin origen, una ilusión de nada, sólo un juego de mirar sin que la mirada delate.
Me limitaba a saludarlo y a hablarle esporádicamente, preferentemente si él era el que venía a mí, tranquilamente consiguéndolo por ser lo desconocido ante su inocente curiosidad. "Limitación", sí, ésa era la palabra, una caótica combinación entre la actuación y el discimulo.
Venía contando los días autodesafiándome, pero mi propio miedo me ganaba una y otra vez. Pasaron los tiempos, hasta que puse tiempo límite a mis batallas perdidas, y tomé una bocanada de aquel escaso pero dulce aire, era el momento. Me acerqué a él, una vez más actuando, porque nunca habría de ser yo para con él. Hablando, lo llevé y lo traje simpáticamente, finalmente concluí a mi objetivo, y pedí su número de teléfono, era una coartada perfecto, tener los teléfonos de mis compañeros no era nada del otro mundo.. o tal vez sí.
Tomó una lapicera al azar y escribió con torpes trazos celestes, su número, sin dejar de sonreir. Me tendio el papel y yo lo tomé brincando en algún lugar de mi amorosamente frustrada mente. Sentía tener las llaves a un umbral que nunca había podido abrir. Habia perdido parte de mis miedos, y además tenía algo que pertenecía a él.
-Tocó el timbre de finalización de clases-
Se despidió de mí, un beso en la mejilla cálido y jovial, y yo con mi trofeo en mano. Volví a mi pupitre a guardar mis útiles, mientras que veía como el salón cada vez se tornaba mas quieto tras la salida del resto. Ya todos se habían marchado, quedaban sólo mis nuevas cuatro paredes, sus muebles, y yo. Aún no me acostumbraba a ellas, no me gustaba estar allí sola. Me apuré y salí rumbo a la calle. El sol me pegó en la cara de inmediato, pero nada me importó, yo seguía sonriendo. Metí la mano en el bolsillo de mi pantalón para ver una vez más mi último logro, escrito en papel y tinta celeste. Pero no había nada allí, mas que la envoltura de algún chicle de menta. Había perdido lo que me había costado tantos días en atreverme. Cerré los ojos, intentando recordar dónde recuperarlo; preferí no pensarlo más de dos veces... y volví corriendo a mi salón temiendo que ya fuera tarde y que lo hubieran cerrado para limpiarlo. Me tiré contra la puerta afortunadamente abierta, y heché un vistazo a mi lugar... y allí estaba, sólo, esperando tal vez... que yo lo vuelva a buscar.
martes, 8 de marzo de 2011
Yo, tu fan.
Buenas noches, ¿te he visto antes en algún lugar?
Hazme entrar allí, ofreceme tu companía, para "hablar".
No pretendas que no te mire así, sólo dejate llevar.
Devela tu atracción innata, y lo demás sabrá llegar.
Apaga las luces y deja que la mañana nos descubra enredados entre las sedas,
Encuéntrame si puedes; suena bien un juego para dos, en la habitación de un hotel.
Arqueas las cejas, sabes cuán lejos podemos llegar trabando las puertas.
Sólo hemos "hablado", nadie dijo que mentir no será ser fiel.
Olvídate de las luces del escenario, olvidate de lo que has de cantar,
olvidate de donde estarás mañana, porque mañana olvidarás a quién invitaste a pasar.
Ven, alimenta mi fanatismo, justifícalo con un poco de tu sonido,
súbele el volumen, cubre nuestras risas, seremos discretos para los ruidos.
Buscarás mi boca, rozarás mi piel con curiosidad,
tomaré entre mis manos tus mechones, jugaremos en la oscuridad.
Antes de despedirnos, mataremos nuestro secreto; nada se sabrá de él.
Saldremos sigilosos hacia el pasillo, todo quedará atrás en la habitación del hotel.
Luego seremos desconocidos, sólo hemos "hablado",
Volveremos a ser lo que fuimos, tú la estrella y yo tu fan.
Jamás lo creería, pero sí... sólo hemos "hablado"
Te veré desde abajo del escenario; tu la estrella y yo tu fan.
Hazme entrar allí, ofreceme tu companía, para "hablar".
No pretendas que no te mire así, sólo dejate llevar.
Devela tu atracción innata, y lo demás sabrá llegar.
Apaga las luces y deja que la mañana nos descubra enredados entre las sedas,
Encuéntrame si puedes; suena bien un juego para dos, en la habitación de un hotel.
Arqueas las cejas, sabes cuán lejos podemos llegar trabando las puertas.
Sólo hemos "hablado", nadie dijo que mentir no será ser fiel.
Olvídate de las luces del escenario, olvidate de lo que has de cantar,
olvidate de donde estarás mañana, porque mañana olvidarás a quién invitaste a pasar.
Ven, alimenta mi fanatismo, justifícalo con un poco de tu sonido,
súbele el volumen, cubre nuestras risas, seremos discretos para los ruidos.
Buscarás mi boca, rozarás mi piel con curiosidad,
tomaré entre mis manos tus mechones, jugaremos en la oscuridad.
![]() |
| ...There's just one reason to freak out... |
Saldremos sigilosos hacia el pasillo, todo quedará atrás en la habitación del hotel.
Luego seremos desconocidos, sólo hemos "hablado",
Volveremos a ser lo que fuimos, tú la estrella y yo tu fan.
Jamás lo creería, pero sí... sólo hemos "hablado"
Te veré desde abajo del escenario; tu la estrella y yo tu fan.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
