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A veces, sentimos que estamos mejor sólo con una lapicera y hoja en mano. Sabemos que aquellos trazos son el umbral que nos permiten escapar, volver a ser nosotros mismos por unos intantes; la tinta se convierte en nuestra sangre, y nuestro cuerpo en hoja, cada uno es una leyenda, una historia que depende de nosotros determinar si su relato será bueno o malo.
sábado, 21 de mayo de 2011
Perdido, guiado, perdido.
Paso a paso al último instante, no existen las miradas. los juegos han acabado, los latidos ya no se oirán ni en la más insana locura. Acostumbré a resistirme, pero ahora no deseo más que caer.. ¿Cuánto más puedo seguir respirando el aire que te pertenecía a tí también? Marchando detrás del cuerpo que supe amar, llorando en sincronía de la marcha fúnebre, tras cada piedra que pateo por el sendero al que te conduciré. Refugio para los que encaminan al olvido indirecto, los que sueñan eternamente entre las sábanas de incertidumbre de aquellós a los que han dejado atrás. Destino tan incierto; palabras que se han sellado en el umbral final. Silencio pactado con la oscuridad, porque ella no permite que hables, mas te aguarda entre sus esqueléticas alas hasta que por fin desaparezcas por completo, sin asegurarte un rincón en las memorias de los que luego surgirán a tu encuentro. ¿Me verás de nuevo alguna vez? Temo olvidarme de tu voz llamando mi nombre, temo olvidarme de tus caricias cubriéndome del frío al no soportar verme temblar... Ahora no es a mí a quien afecta el frío, todo se torna en un ciclo que luego me tocará a mi también enfrentar; sin noción, sin sentir cuan helada reposaré, cuantas lágrimas agenas rodaran sobre mi piel, cuantos roces recibiré sin sentir el placer del tacto, cuantos besos se posarán sobre mis vestigios, cuantas palabras me dirán, ya sin tener sentido. Pero hice y deshice lo posible para revertir el maldito capricho del Destino; hubiera sido capaz de arrancarme el corazón y ofreserselo con tal de calmar sus hostiles antojos... aún así, todo insuficiente, me veo entregarme dominada bajo los carriles de la vida; Él se divierte con mi espanto haciendo sentir inútil a mi calor, ilusa a mi inocencia, sobervios a mis latidos, y egoísta a mi respiración.
domingo, 1 de mayo de 2011
Vals para uno.
Nunca llegamos a despedirnos, no hubo una última palabra. La melodía del vals se lamentaba mientras lloraba notas fieles a las lágrimas. Un beso sobre el frío agobio del alma. Miedo y dolor unidos bajo la misma piel; silencio y llanto sellados bajo el beso de la muerte. Una pregunta sin respuesta, miles de enigmas bajo la luz blanca que ha desaparecido de sus ojos, para apoderarse de él por completo. Tal vez él sigue soñando que baila mi vals, y que me sostiene aún en sus brazos, mientras que yo me abrazo a la realidad para poder desprenderme de sus vestigios que inertes me observan callados. ¿Cuántas veces deberé morir y volver a nacer para poder aceptarlo?¿Cómo aceptar su paso hacia el umbral final, luego de ver como la puerta se ha cerrado detrás de él?
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