A veces, sentimos que estamos mejor sólo con una lapicera y hoja en mano. Sabemos que aquellos trazos son el umbral que nos permiten escapar, volver a ser nosotros mismos por unos intantes; la tinta se convierte en nuestra sangre, y nuestro cuerpo en hoja, cada uno es una leyenda, una historia que depende de nosotros determinar si su relato será bueno o malo.

jueves, 24 de marzo de 2011

Memory-Shot: Inocente

Conocía muy bien lo que me significaba su nombre; inmediatamente lo relacionaba con diversión y extrema atencción, y todo, sólo para mí.
Aleatorias y borrosas imágenes me golpean dulcemente la mente, aunque aquella sensación de felicidad aún sigue viva a la memoria en algún rincon infantil de mi corazón.
Fin de semana, a la tarde; alguien tocaba la puerta... Me llenaba de felicidad al ver una campera verde esmeralda que siempre llevaba consigo misma... definitivamente era ella.
Recuerdo que me traía revistas y películas, que luego durante la semana, yo miraba una y otra vez. Durante su estadía en casa, nos pasabamos la tarde jugando con las consolas de Family y Sega; ella siempre en una postura graciosamente competitiva  movía sus brazos con el control para un lado y otro, presionando enérgicamente los botones, súmamente metida en el juego. Era una persona con alma de adolescente, bastante distraida, charleta, descuidada y muy agradable.
Así como recuerdo aquellas tardes de juego, también recuerdo las palabras que le dije, sin saber que esas serían las últimas, para ella.
Una única imagen de aquel momento me deja vestigios de aquel día. Un par de médicos se acercaba llevando una camilla con una paciente. Papá me levantó cuando esta se acercó y ahí ví a mi abuela, con algunos tubos, con ropa de quirófano, sonriendo débilmente. - Tengo un nuevo juego - recuerdo haberle contado con la idea de estrenarlo con ella. Me correspondió mi sonrisa y supongo que nos habremos despedido... luego, fue ver como con la companía de los médicos, se perdía por una puerta.

Al nuevo juego, terminé jugándolo yo sola, luego de esperar bastante, y lo peor de todo... luego de esperar en vano. Ella se había "ido" pero probablemente ya volvería de su viaje.
Era demasiado temprano para entender las realidades, yo sabía jugar juegos de consola, pero no sabía el de la vida, que en ese no había ningún botón de reinicio; una vez que perdías la vida, perdías tu juego, sin tener posibilidades de volver a jugar.

Poco tiempo después, con papá y mamá solíamos recurrir a un lugar nuevo para mí, que yo creía que era un patio grande donde poca gente solía ir a pasear. Era un espacio amplio, y silencioso, en el cual yo me divertía yendo de un lado a otro, oliendo flores que la gente dejaba en pequeñas puertas cuadradas, que unas al lado de otras formaban largos y amplios pasillos. Me recuerdo a mí, mirando adornos que estaban pegados en las puertas, como peluches y otras cosas; mientras que papá y mamá siempre se paraban en el mismo lugar, frente a la misma pequeña puerta.

Ignoraba realmente el fin de la visita a ese lugar; durante los primeros tiempos sólo me limitaba a divertirme allí, haciendo cosas que una persona de cinco años hace... correr, saltar y de más.
Hasta que un día me sentí picada por la curiosidad y le pregunté a mamá que una vez más estaba parada en el mismo lugar, "¿Qué hay del otro lado de la puerta?", ella me respondió con cuidado "están los recuerdos de tu abuela".
Me quedé con aquella respuesta en la cabeza por mucho tiempo, y por alguna razón creí que aquella puerta era una especie de "aramario mágico", en el que ella al ir de de viaje había guardado sus "recuerdos" (como fotos con las personas que ella quería) para no olvidarse de ellos, mientras no estuviera en contacto. Esperaba que hubiera puesto una foto de ella conmigo, porque no quería que se olvidara de mí.
Pero todo era cuestión de tiempo para darme cuenta de que en realidad ya no habían puertas de las que ella fuera dueña, que ya no habrían nuevas memorias para guardar con y de, mi abuela.
Abrí los ojos, o crecí, y entonces supe que ese "armario" no guardaba sus recuerdos, sino los míos para con ella, de manera física, como vestigios de algo que había sido genial, lejos del -ahora- polvo, y tendencia a desaparecer terrenalmente.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario