A veces, sentimos que estamos mejor sólo con una lapicera y hoja en mano. Sabemos que aquellos trazos son el umbral que nos permiten escapar, volver a ser nosotros mismos por unos intantes; la tinta se convierte en nuestra sangre, y nuestro cuerpo en hoja, cada uno es una leyenda, una historia que depende de nosotros determinar si su relato será bueno o malo.

domingo, 1 de mayo de 2011

Vals para uno.

Nunca llegamos a despedirnos, no hubo una última palabra. La melodía del vals se lamentaba mientras lloraba notas fieles a las lágrimas. Un beso sobre el frío agobio del alma. Miedo y dolor unidos bajo la misma piel; silencio y llanto sellados bajo el beso de la muerte. Una pregunta sin respuesta, miles de enigmas bajo la luz blanca que ha desaparecido de sus ojos, para apoderarse de él por completo. Tal vez él sigue soñando que baila mi vals, y que me sostiene aún en sus brazos, mientras que yo me abrazo a la realidad para poder desprenderme de sus vestigios que inertes me observan callados. ¿Cuántas veces deberé morir y volver a nacer para poder aceptarlo?¿Cómo aceptar su paso hacia el umbral final, luego de ver como la puerta se ha cerrado detrás de él?

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