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A veces, sentimos que estamos mejor sólo con una lapicera y hoja en mano. Sabemos que aquellos trazos son el umbral que nos permiten escapar, volver a ser nosotros mismos por unos intantes; la tinta se convierte en nuestra sangre, y nuestro cuerpo en hoja, cada uno es una leyenda, una historia que depende de nosotros determinar si su relato será bueno o malo.
miércoles, 20 de abril de 2011
Desconozco
Quisiera saber a qué juegas, cuando pasas por mis costados, esquivándome como la bala que sabes que nunca se direccionaría para herirte, huyendo, mostrando valentía a la fragilidad de lo indefenso a voluntad. Quisiera saber que sienten tus pupilas cuando me ven, pero tu le das las órdenes de que me eviten. Quisiera saber que siente tu corazón cuando los recuerdos tajan el alma; cuando en la desesperación interna, bebes la sangre de tus heridas, porque es demasiado dolor para dejarlo a la luz, tal vez. Yo no te he preguntado si eres feliz con tu nueva forma de actuar, yo no te he preguntado si aún me necesitabas, yo no te he preguntado si aún me querías. Porque se que las respuestas son palabras una vez más, vacíos sonoros en tí, en los que el verdadero significado ha perdido el sentido mucho tiempo atrás; la confidencia se ha suicidado en las mañanas de algún pasado no tan lejano. No tengo la ignorancia suficiente que se requiere para preguntar si aún te pertenezco, porque nunca fue así; el más mínimo e insípido viento siempre te ha arrastrado a las orillas de la perdición.
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Me encanto cami...
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