A veces, sentimos que estamos mejor sólo con una lapicera y hoja en mano. Sabemos que aquellos trazos son el umbral que nos permiten escapar, volver a ser nosotros mismos por unos intantes; la tinta se convierte en nuestra sangre, y nuestro cuerpo en hoja, cada uno es una leyenda, una historia que depende de nosotros determinar si su relato será bueno o malo.

sábado, 13 de agosto de 2011

Regrésame

La gente camina, parece no juzgar con aquellos ojos que sólo se concentran en su destino, pero imaginas, o tal vez no te equivocas al ver como te fotografían con los ojos que te reflejan en sus pupilas, tus pupilas. El espejo se vuelve la realidad más fría; Duele pestañear y respirar a la vez; deseas cerrar las puertas, ventanas y encerrarte sin sentirte insegura del castillo o pocilga en el que te encierras que después de todo, sea lo que sea, tu alma no puede dejar de considerarlo su hogar. ¿Qué clase de conciencia es la que te deja dormir entre las sábanas enredándote entre de las dudas de lo que está condenado a permanecer intacto?
El destino sortea las más escasas y hermosas luces, entre la suerte de las estrellas y el infortunio de los estrellados..
Nunca será lo que nunca fue, intentos en vano, ilusiones que lloran clavadas en la estúpida utopía.
Corres contando el aliento restante, esperas alcanzar a tiempo el claro que huye por el bosque lleno de raíces sobresalientes, pero siempre caes y aún herida, te levantas para seguir tu persecución. Flanquean tus rodillas, la noche ya te ha alcanzado, cuando la luna besa tu nuca, iluminando cristalinas gotas de sudor y sangre, ningún sacrificio le es suficientemente apetecible.

Quieres despertar con las respuestas en tu mano, develar los misterios que por cobardía nadie pudo descifrar. Sabes donde está la verdad, pero sientes miedo de encontrarla. Sabes quienes son ellos, pero desconoces quien eres tú en realidad. Dices que nunca será lo que nunca fue... no quieres sentirte ingenua en pensar que puedes cambiar, pero la idea de caer de rodillas rendida sin intentarlo te taladra la cabeza; intentando hacerte salvar la dignidad que se esconde en algún lugar de tu mente, asustada y solitaria...  Contarás hasta tres... y el viento te devolverá el aliento, seguirás corriendo inconscientemente, sin importar rasguños, y cortes... no quieres se la tonta de nadie, ni la de ti mismo.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario